A pesar de que sigue sin convencerme del todo y que me mantengo en lo que dije hace un tiempo, lo justo es dar al César lo que es del César y por ello debo reconocer que me ha impresionado el uso que se la ha dado a la herramienta de microblogging por excelencia (o nanoblogging, que esto va por gustos) en el suceso de los atentados en Bombay.
Información en directo en formato de 140 caracteres consumida ya no sólo por un gran público situado a miles de kilómetros de distancia, sino también por los propios implicados en el conflicto: policía, ejército, rehenes y secuestradores, y combinada con fotos, vídeos, reportes completos en blogs y Wikipedia y todos los demás medios que os podáis imaginar. Multitud de mensajes de un lado y de otro, solicitudes de sentido común y de limitar el envío de datos, contenidos falsos y “ruido” entre otros veraces y ciertamente interesantes, todo ello para constatar una vez más que los formatos de expresión y comunicación han evolucionado más deprisa de lo que esperábamos.
Se abre un interesante debate que debería definir a qué debemos atenernos en casos como éste y cómo gestionar las avalanchas de información que proceden ya no de un selecto y atrevido grupo de periodistas deplazados, sino de los propios actores de esa macabra película que es a menudo la realidad.
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