¿Quién no recuerda las primeras versiones de Altavista o Yahoo!? Aquellos portales permitían el acceso a servicios de diferente tipo, pero sin duda los que los hacía especiales eran sus facilidades de búsqueda de páginas.
Echad un vistazo al interfaz que tenían en 2001 (vía Wayback Machine):


Llama la atención la escasa relevancia que se le daba a la caja del buscador, en parte, porque los algoritmos no eran tan buenos como ahora y, por tanto, los resultados que aparecían rara vez eran útiles. De este modo los usuarios preferían utilizar otros métodos para localizar páginas de su interés.
Pero entonces, ¿qué métodos se utilizaban? El principal lo constituían los directorios de páginas o catálogos. En las capturas anteriores podéis apreciar la importancia que tenía esto: casi un 50% del espacio en pantalla se dedicaba a un nutrido grupo de categorías o temas de variada índole (arte, ocio, economía, sociedad, …) bajo las cuales se agrupaban bien nuevas subcategorías, bien páginas web que alguien había decidido colocar con esa clasificación.
¿Y quién era ese alguien, os preguntaréis? Pues, en primera instancia, el propio creador de la web. Si no tenía la suerte de disponer de un sitio relevante, estaba en la obligación de acceder a las zonas de recomendación de páginas de Yahoo!, por ejemplo, y rellenar los formularios correspondientes para aparecer así dentro de esta especie de “páginas amarillas” de páginas web. Posteriormente, quién sabe cuándo, otro alguien dentro de Yahoo! recibiría la información, la revisaría, comprobaría el dominio, lo alojado en él, su temática y, sólo entonces, activaría el proceso para añadirlo al catálogo y quizás también al mecanismo de búsqueda.
Es lógico que un sistema así estuviese destinado a desaparecer. Con el tamaño actual y creciente de la “nube”, con esos millones y millones de blogs, de páginas personales, corporativas, agregadoras, sindicadoras, todo ello en cientos de idiomas, a nadie se le ocurre que un sistema manual como el utilizado en los inicios fuera sostenible.
La cuestión que surge ahora es la siguiente: con todo el desorden existente en la red, con toda esa cantidad ingente de información, ¿cómo aportar algo de coherencia?
¿Estamos destinados a conformarnos con esas búsquedas por palabras más o menos refinadas?
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